¡Qué difícil es volver a las carreteras secundarias!

Viajar por autopista tiene la ventaja de la velocidad y el inconveniente de que no te da tiempo a disfrutar del paisaje. Recorres cientos de kilómetros sin ver más que coches y más coches. Sabes de los pueblos por los carteles que anuncian las salidas, pero no ves un ser humano por ninguna parte. Antes, en esta época del año percibías el olor de las fábricas de mantecados al cruzar Estepa de camino a Granada. Parabas a comprar, tomabas café y tal vez hablabas con algún lugareño. Ahora viajas y ni hueles, ni compras, ni hablas con nadie. De origen a destino del tirón. Si acaso, con parada en una impersonal área de servicio.

En realidad no quería escribir de autopistas, olores y mantecados, sino otra vez de lo mal que anda la profesión periodística. Lo que quiero decir es que los periodistas llevamos demasiado tiempo circulando constreñidos por carriles de autopistas que apenas nos dejan ver los pueblos por los que pasamos. Eso nos impide oler otra actualidad que la ofrecida en áreas de servicio que el poder va repartiendo en nuestro trayecto: una rueda de prensa -tantas veces sin preguntas- una declaración, un comunicado, unas imágenes ya editadas para que no haya el menor desliz…

¡Qué bien se viaja por autopista! Seguro, rápido. Más caro, pero directo al destino. El riesgo es mínimo si cumples las indicaciones de tráfico. Viajas tranquilo si respetas las normas: te incorporas por el carril de aceleración, circulas por la derecha, adelantas por la izquierda, no sobrepasas nunca los 120 kilómetros por hora fijados, abonas tu cuenta en el peaje y sales por el carril de desaceleración. Ese hábito es magnífico para viajar si no te importa perderte el paisaje, no oler el aroma de los mantecados de Estepa, ni hablar con nadie. Estamos tan hechos a las autopistas que ya no echamos de menos ni el paisaje ni el paisanaje.

Para lo que no está bien es para hacer periodismo. El periodismo se hace por carreteras secundarias, requiere hablar con lugareños, oler el humo que sale de las chimeneas, pisar el lodo de las riadas… Sobre todo, escabullirse de las áreas de servicio que tanto abundan.  Entonces irá cobrado forma un paisaje poblado de acontecimientos novedosos, sorprendentes, imprevisibles. Los periodistas deberíamos tener por lema “llenar el periódico tiene que ser cada día una aventura nueva”. O el informativo de radio o el telediario. En cambio, lo que tenemos es un periodismo tan previsible que no merece la pena ni ir al kiosco a buscar el diario. Sólo entonces veremos poblarse los medios de comunicación de historias interesantes. Y tal vez la gente vuelva a sentir que le somos útiles.

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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