De Valdevaqueros a la torre Pelli

El proyecto de urbanización de Valdevaqueros y la torre Pelli de Sevilla tienen tanto en común que no puedo evitar este comentario. Tienen en común el despropósito de insistir en modelos de desarrollo desfasados. Mantener la especulación como ideal de negocio. La urbanización de Valdevaqueros, como el hotel del Algarrobico en Almería y tantos otros desmanes, destruiría la naturaleza de uno de los pocos parajes casi vírgenes que nos quedan en el litoral. La estructura de hormigón de la torre Pelli rompe ya el paisaje urbano de uno de los lugares más atractivos del Guadalquivir a su paso por Sevilla.

El ayuntamiento de Tarifa arguye que su proyecto para Valdevaqueros respeta la legalidad. La Junta le hace coro añadiendo que velará minuciosamente para que se respete la legislación medioambiental. ¡Faltaría más! El ayuntamiento de Sevilla trata de convencer a la Unesco de que la torre no afecta al entorno de la Catedral, el Archivo de Indias y el Alcázar, los edificios catalogados como patrimonio de la humanidad.

La torre Pelli y Valdevaqueros pueden tener en común su escrupuloso respeto por la legalidad. Podría suceder incluso que la Unesco accediera a darle luz verde a la torre Pelli sin hacer efectiva la amenaza de incluir los tres edificios de Sevilla en el catálogo de patrimonio en peligro. Y que los informes de impacto ambiental de Valdevaqueros admitiesen que la urbanización no altera el equilibrio natural del paraje. Pero incluso así, la torre Pelli seguiría siendo un monumento al disparate que, además, llega a destiempo, destroza la estética del río en Chapina, colapsará el tráfico en la zona y saturará aún más el mercado de oficinas de la ciudad. También la costa está sembrada de apartamentos en venta y de hoteles semivacíos casi todo el año.

Es una práctica habitual en la ciudad que los poderes de cada época traten de simbolizar su fuerza mediante la arquitectura. Lo hicieron desde el primer adelantado mayor de Andalucía, Per Afán de Ribera, con el antiguo hospital de las Cinco Llagas, hasta la Junta de Andalucía con Torre Triana o la rehabilitación de San Telmo. Lo hicieron antes la Iglesia con la Catedral, los comerciantes con las Indias en la Lonja de Contratación, la casa de Medinaceli con la casa de Pilatos.

Cuando se proyectó, la torre Pelli pretendía visualizar ante los sevillanos el poder casi omnímodo de Cajasol, una entidad que, paradojas de la vida, ha sido engullida por La Caixa. Al final, tenemos una torre huérfana de poder, un mastodonte entregado a la quimera de unos negocios imposibles y, sobre todo, una ribera del Guadalquivir herida quién sabe si para siempre. Como la ensenada de Valdevaqueros si persiste tanta sinrazón en aras del negocio.

 

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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