Atrapados en las turbias aguas de los intereses

Los periodistas sabemos que las peores mordazas son las invisibles. El miedo es la más devastadora. El miedo a perder la vida atenaza a los periodistas en las dictaduras.  Los que sufren la opresión política pueden acabar en una cuneta con un tiro en la frente. También el miedo a perder el puesto de trabajo hace callar a miles de informadores en plena crisis económica. Negarse a informar de una determinada manera le puede costar a uno el empleo y eso en la situación actual es sinónimo de quedarse en la cuneta. Menos trágica, pero devastadora.

La autocensura es la peor censura. La peor porque ante ella todos miran, miramos, para otro lado. Ante la censura descarnada cabe la rebeldía; ante la autocensura, la vergüenza apenas. Silencio sobre silencio, humillación sobre humillación. No son situaciones comparables, lo sé. No es la vida lo que nos pueden quitar. Pero lo que me importa resaltar aquí es el resultado: el silencio. El secuestro de la verdad, el sometimiento a los dictados del poder, la traición al público.

Sin periodistas no hay periodismo, sin periodismo no hay democracia. Ese es el contundente lema de la movilización que los periodistas hemos convocado este jueves 3 de mayo en toda España con motivo del Día Internacional de la Libertad de Prensa. Dudo que los ciudadanos de este país sean conscientes de la situación que vive la prensa y, por ende, la libertad de información. O lo que es lo mismo, la propia democracia. La información veraz agoniza entre los intereses de las empresas -y los partidos- el miedo de los periodistas al desempleo -cuando no la indolencia- y la indiferencia de la sociedad a la que debería servir.

¿A quién le importa lo que está pasando? No a las empresas de comunicación, que se sienten cómodas con unos empleados temerosos de su futuro. No a los poderes económicos, que se mueven a sus anchas por un mundo sin críticas. No a los gobiernos, aliviados de controles, liberados de tener que dar explicaciones.

Nos importa a los periodistas. ¿Somos conscientes? Sí, en parte. Existe un malestar que se extiende entre un sector cada día más numeroso de la profesión. De ahí la protesta convocada para este jueves por las asociaciones de la prensa. La movilización nace del miedo al desempleo, es cierto. Seis mil periodistas despedidos en los últimos cuatro años son muchos periodistas en el paro. El recuento de bajas de esta guerra contra la libertad de información no deja de crecer.

La protesta nace también de la conciencia de que algo hemos hecho mal. Que nos hemos dejado arrebatar definitivamente el control de nuestro trabajo, el poco control que nos dejaban, y que muchas veces actuamos bajo influencias muy poderosas que empujan en dirección contraria a los intereses de la sociedad. Hay periodistas que se mueven como peces en las turbias aguas de los intereses, pero también lo hay que se ven obligados a hacer de tripas corazón para completar crónicas viciadas de raíz. Está bien que haya intereses, pero deben ser legítimos, confesables.

Y le importa a la sociedad. ¿Es consciente? Sí, pero parcialmente. Es consciente del fraude. Los ciudadanos saben que los medios de comunicación se han echado en brazos de la política, de la economía o de la frivolidad. Y no les gusta. Nos lo dicen cada vez que les prestamos oídos. Aunque les oímos, no les escuchamos. En eso nos parecemos sobremanera a los políticos que tenemos. O no entendemos el mensaje o no nos interesa entenderlo, que viene a ser lo mismo.

Por todo lo anterior es tan importante que los periodistas hayamos empezado a manifestarnos en las calles. Lo hemos hecho hoy, Primero de Mayo, para gritar a los cuatro vientos que los trabajadores de la información sufrimos como los que más los zarpazos de la crisis económica. Que no es verdad esa imagen de periodistas nadando en la abundancia que se refleja a través de los programas de televisión. Que hay muchos compañeros que este mes no van a tener dinero para pagar el alquiler de su vivienda y quienes no pueden ir al supermercado.

Salimos a la calle también porque necesitamos decirle a la sociedad que no nos gusta lo que hacemos. !Como a ellos, a nosotros tampoco nos gusta esta forma de hacer periodismo! Protestamos porque nos urge salir de las redacciones de atmósfera viciada. Aire irrespirable no como antaño por el tabaco, sino por el fuerte olor a pólvora de la trinchera.

Protestamos porque en las entrañas del periodismo hay demasiada gente honesta acogotada por el miedo. Porque el miedo mediatiza el mandato constitucional -por delegación de los ciudadanos- de garantizar la libertad de prensa. Porque los profesionales de cuyas manos sale la materia esencial que conforma la opinión pública, la información, hemos perdido el control de nuestro trabajo. Porque al traicionarnos a nosotros mismos le estamos fallando a la sociedad. Nada más que por eso nos manifestamos.

P.D. En Sevilla, nos concentramos a las 19 horas en la plaza Nueva.

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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