Fiasco electoral, insultos a los andaluces, huelga general…

Por más que el Gobierno diga que no variará sus planes de reformas y recortes, el panorama político empieza a cambiar poco a poco. Todo le iba bien a Rajoy hasta que el 25M tropezó en Andalucía. Después vinieron los insultos a los andaluces por no seguir las pautas que les marcaban quienes se las prometían felices acaparando todo el poder político.

Y ahora la huelga general. El día ha salido claro y ventoso, con los principales focos de actividad económica paralizados. Piquetes recorren las fábricas y polígonos industriales. Hay altercados aislados en un puñado de lugares, nada importante por ahora. Los centros de distribución y el transporte son los principales afectados, mientras el comercio de los barrios mantiene más o menos la actividad.

El apoyo a la movilización se ha hecho visible al mediodía en las manifestaciones convocadas en todas las ciudades del país. ¿Cuántos? Muchos en Sevilla. Cien mil dicen los sindicatos: exageran. Diez mil dice la delegación del Gobierno: ridiculez. Cincuenta mil es una cifra menos manipulada. Suficiente para que sean tenidos en cuenta.

El guión para estos casos establece que el Gobierno califique la situación de “normalidad” y que los sindicatos engorden las cifras de seguimiento. Pero nadie engaña más que a quien se quiere dejar engañar: la mera existencia de una huelga general es de por sí una situación excepcional que altera el ritmo del país y eso lo saben el Gobierno y todos los sectores económicos. En la vida política, mañana no será igual que ayer, como tampoco el 26 de marzo, después del veredicto de las urnas en Andalucía, fue igual que el 24 de marzo.

Y en medio de los dos acontecimientos que marcan la agenda política reciente, el capítulo del desprecio a los andaluces por no haber aupado al PP a la mayoría absoluta. Es como si los andaluces hubiésemos dejado de cumplir una obligación, fallado a un compromiso nadie sabe con quién y por qué. Casi una traición imperdonable, merecedora de la mayor reprimenda.

En el fondo, los insultos a los andaluces vertidos por determinados medios de comunicación son el reflejo de la frustración por haber visto evaporarse la oportunidad de dictarle al PP el contenido del Boletín Oficial de la Junta de Andalucía desde los editoriales y columnas de opinión. Articulistas o tertulianos, periodistas o no, plumas al servicio de rancias esencias o de intereses económicos, se veían marcando la agenda de San Telmo, como ya hacen con la Moncloa.

Hoy en los medios de comunicación toca batalla a cuenta de la huelga general. Escupirán insultos las pantallas más violentas, descalificaciones las agresivas, mentiras las tibias. Mañana, tinta envenenada en las rotativas. Piquetes verbales contra los sindicatos. Escaso seguimiento de la huelga, casi normalidad, dirán los moderados.

Pero no engañan a nadie. La normalidad es otra cosa. Esto es el inicio de la revuelta contra unas medidas del Gobierno que no responden al interés general, sino a los dictados de unos pocos. Lo saben, lo sabemos todos.

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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