Quietud y vértigo en Guinea-Bissau

Regreso de Guinea-Bissau, un pequeño país del occidente africano de apenas 1,2 millones de habitantes, cargado de emociones e inquietudes. Llegué a Bissau la noche del 25 de diciembre, a la misma hora en que un comando del ejército protagonizaba una nueva intentona golpista, por suerte frustrada. Desde la entrada el 23-F de 1981 de la Guardia Civil al mando de Tejero en el Congreso no había vuelto a sentir el vértigo que produce el uso de las armas contra las instituciones. Es algo parecido a lo que se siente en los instantes que dura un terremoto, todo se tambalea como si fuese a desmoronarse alrededor.

Finalmente no pasó nada. Mal que bien, el país siguió rodando. Más mal que bien porque Guinea-Bissau no rueda. Como la inmensa mayoría de África. Visité el hospital de Bafatá, la segundad ciudad del país. La plantilla está compuesta de 4 médicos, dos de los cuales llevan mucho tiempo ausentes. Quedan dos médicos para una región que tiene cerca de 300.000 habitantes. Paredes desconchadas, ventanas con los cristales rotos, aguas fecales por los pasillos, camas podridas, vitrinas de medicamentos vacías… Este año el país batirá un récord histórico al sacar adelante una promoción de 80 médicos. El director del hospital, Vitoriano Martinho, me contó que serán pocos los que se queden a trabajar en el país. Les atrae más irse a Angola, Cabo Verde o Portugal. En todo el país hay un único médico con formación específica en pediatría.

Muy cerca del hospital queda la oficina central de correos, en la que resiste un único funcionario. Es la imagen de la soledad detrás de un inmenso mostrador partido en dos por una balanza que lleva décadas sin pesar una carta. Aquí nunca pasa nada. El funcionario dejó de cobrar su sueldo hace años, pero allí sigue esperando cartas que tiempo ha dejaron de llegar a la estafeta. Día tras día, fiel a sí mismo, fiel a un Estado insolvente y a una población que desertó del correo postal. “Desde que inventaron los teléfonos móviles nadie escribe cartas”, dice con resignación. Deja caer sobre el mostrador un fajo de sobres polvorientos para justificar la soledad de la oficina. “Estas fueron las últimas que llegaron y no pude entregar porque venían con las señas mal escritas”. Miré un instante a la calle a través de cristales cegados por el polvo y cuando intenté saber su nombre y hacerle una foto, el jefe de correos había desaparecido. ¿Existe o fue una aparición?

El vicegobernador de Bafatá me juró que el jefe de correos acude todos los días a su oficina, tal vez con la esperanza de que algún día de no se sabe qué año verá llegar un sobre con el dinero de sus nóminas atrasadas. Vana esperanza porque nadie recuerda la última vez que llegó una furgoneta de reparto de correos.

A la izquierda, Tairo Djalo, vicegobernador de Bafatá. De frente mi amigo Bubacar

El vicegobernador es atildado, seco, gran conversador, experto en historia de la etnia fula, la suya. Los fulas vinieron de la India, a través de Egipto, dice. Por eso muchos fulas consideran sagradas las vacas, no comen su carne y cuando se les muere una, lloran desconsoladamente. Los fulas son mayoritarios en Guinea-Bissau. Les siguen los mandingas. Ambas tribus fueron enemigas durante siglos, aunque llevan décadas de convivencia pacífica. El 99 por ciento de los militares del país pertenecen a la etnia balanta, brutales, iletrados. Los pepeles son ilustrados y esta etnia pertenece el actual primer ministro, Carlos Gomes Junior.

Las razones inconfesables de los golpista son múltiples, pero todo el mundo destaca tres: venganza de una facción del ejército por el anterior golpe de estado que acabó con Nino Viera, evitar que el Gobierno ponga cortapisas al tráfico de cocaína, cuyo monopolio tiene el ejército, y diferencias étnicas. Los golpistas trataban de aprovechar el cierto vacío de poder que provocaba la ausencia del presidente de la república, Malam Bacai Sanhá, “Malamba”, enfermo en una clínica de París, y la marcha de vacaciones navideñas del cuerpo diplomático para evitar presiones internacionales. Malamba falleció el 9 de enero. En el tiroteo del golpe fallecieron dos soldados y una veintena de militares están encarcelados, entre ellos el segundo jefe del estado mayor del ejército.

La ventaja de este país es que las luchas por el poder no trascienden más allá de los despachos y cuarteles. La población, aunque crítica contra quienes ponen en riesgo la paz, mira con desprecio esos movimientos y sigue haciendo su vida.

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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