Putas, periodistas, macarras…

Anda la profesión periodística hecha unos zorros. Indignada por la extensión del desempleo, los bajos salarios, la precariedad laboral, los ínfimos precios que se pagan a los articulistas… Con razón. A una compañera de Córdoba le han llegado a ofrecer 60 céntimos por artículo de entre 300 y 500 palabras que cuele en las redes sociales a favor de una determinada empresa.

Utilizo como título de este post la idea de David Jiménez en su blog. En su comentado artículo Putas y periodistas, David denuncia la práctica generalizada de pedir colaboraciones gratis, la implantación de lo que llama “periodismo de bajo coste” y cita a Cela diciendo que los escritores son como los toreros y las putas, “que pueden torear en festivales o joder de capricho, pero sin bajar los precios jamás”.

Me adhiero a las dos denuncias anteriores, pero añadiría un matiz que considero esencial para entender la situación y, sobre todo, para salir adelante. El precio es un problema, desde luego, pero en la sociedad en la que vivimos el precio tiene bastante que ver -no todo, es cierto- con el valor que le asignamos a algo.

Dicho en otras palabras, los periodistas estamos preocupados, indignados, por la degradación del mercado laboral y bastante poco con el valor del producto que ofrecemos. No defiendo esas retribuciones, ni mucho menos. Lo que digo es que no saldremos de esta situación sin devolver sentido al trabajo que hacemos, sin añadir valor al producto periodístico, si seguimos hablando en términos mercantilistas.

En mi opinión, la pregunta esencial no debería ser ¿está bien o mal pagado un artículo de 500 palabras a favor de una empresa por 60 céntimos? sino ¿es hacer periodismo dedicarse a escribir artículos por encargo de una empresa a 60 céntimos las 500 palabras? Dicho de otra forma, ¿es periodístico cualquier texto por el mero hecho de que lo haya escrito alguien que hizo la carrera de periodismo?

Como trabajador, me indigna que un artículo cueste menos que un café, pero como profesional me descorazona que hayamos degradado tanto el oficio como para considerar periodista a cualquiera que junte 500 palabras de loa a alguien o algo. Individualmente es comprensible la necesidad de trabajar de todo el mundo, pero como colectivo nos haríamos un flaco favor si aceptáramos sin más la situación en la que hemos caído y, sobre todo, daríamos un pésimo servicio a la sociedad.

En definitiva, el mal del periodismo actual no es el precio, sino el valor. Ambos están tan devaluados que la situación nos ofusca y tendemos a confundir la consecuencia con la causa. La solución no puede venir de pedir más dinero, sino por aumentar el valor de lo que ofrecemos. Y ese valor no es otro que la información veraz, honesta, contrastada. En suma, volver a hacer lo que nunca debimos dejar de hacer, retomar los orígenes del periodismo, aquél que se hacía pensando en el lector, en la audiencia. No un periodismo hecho pasa satisfacer a  las fuentes, a los intereses particulares, a los grupos de presión, a los poderes. Macarras.

Escribir al dictado sabe cualquiera que haya estudiado las reglas elementales de ortografía. Como cualquier ciudadano puede contar correctamente en facebook o twitter un hecho que le sorprende en la calle. Me resisto a aceptar que eso sea el periodismo. Si lo aceptáramos, ¿podríamos quejarnos de que nos lo compren al peso? Si lo que hacemos los periodistas lo sabe hacer cualquiera, por qué nos iban a pagar más de 60 céntimos a cambio de 500 palabras más o menos hiladas. A los chatarreros les pagan 23 céntimos por cada kilo de hierro que recogen de la basura.

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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2 respuestas a Putas, periodistas, macarras…

  1. El periodismo, como profesión, ha decaído al tratarlo como puro negocio, líneas editoriales al servicio de políticos y empresas. Es tan sencillo como que un recién licenciado, desde hace ya mucho que pasa, llegaba a la redacción de turno, el “jefe” le decía, “¡Jey, chaval escribe esto, fírmalo, que vas a llegar lejos!”. La ilusión del periodismo la perdió en ese momento, en el que, a lo mas que aspiraba, era a llegar a final de mes con un mísero sueldo del indefinido contrato de prácticas, y unas doce horas de trabajo al día. Con tanto poner en la balanza una integridad profesional o ganar dinero, nos hemos cargado todos el negocio de la información. Ahora, los que compran/eligen un medio de comunicación, saben que lo que les enseñan, es por que les conviene. Si un organismo público o una empresa contrata publicidad, ten por seguro que no tendrá trapos sucios, o por lo menos, le darán un agüita antes.

    • josebejarano dijo:

      Tienes toda la razón, Aníbal. Foteros y plumillas somos prescindibles en unos medios de comunicación que han dejado de serlo. Por lo tanto, estamos en el fondo del pozo y lo que tenemos que hacer a partir de ahora es tratar de emerger a toda costa. Así que tendremos que unirnos, debatir, proponer ideas, defendernos y, cuando haga falta, atacar. Dependemos de nosotros. Un abrazo. Pepe Bejarano

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