Democracia, ya. Violencia, jamás

Nada hay más contrario a la democracia que la violencia. Y nada más violento que la exclusión. Por esas dos razones hay que seguir tomando partido a favor del movimiento del 15M y denunciar tanto a quienes aprovechan el río revuelto para perpetrar actuaciones violentas, como a los que se acogen a esos actos para criminalizar a todo el movimiento. Lo mismo que no se puede descalificar a toda la afición de un club de fútbol porque un grupo provoque altercados al final de un partido.

Los ataques del miércoles a los parlamentarios catalanes, como los insultos el martes al alcalde de Madrid, se califican por si mismos y no deben ser tomados como excusa para cuestionar la validez de la protesta. Hay que extremar el cuidado para que el movimiento del 15M no degenere en violencia por dos razones. Primero, porque la violencia sólo engendra violencia, y segundo, porque hay muchos interesados en aprovechar cualquier desliz para desprestigiarlo. Y la protesta que nació el 15 de mayo es demasiado importante para dejar que acaben con ella. Lo es independientemente de lo que al final consiga porque por primera vez en décadas la juventud, tan necesitada de tomar las riendas de su futuro, da un paso al frente.

Como resalta el profesor Vicente Navarro, los impulsores del 15M son los legítimos herederos de unos padres que luchamos contra la dictadura y protagonizamos la transición y de unos abuelos que levantaron sobre sus hombros, y sobre su sangre, una República que fue avanzadilla de Europa en conquistas sociales. Conviene que todos seamos conscientes de esas raíces históricas que confieren hondura al fenómeno y de esa enorme responsabilidad hacia el futuro.

Por eso el 15M no va a quedar -no debe quedar- en una explosión de indignación pasajera. Nos jugamos la posibilidad de tener una juventud de nuevo activa, con sus errores y aciertos, o una juventud pasiva, o descreída e indiferente, que tanto hemos criticado anteriormente. Estos jóvenes se sienten excluidos por el sistema y eso también es una forma de violencia.

Por todo lo anterior no conviene frivolizar el movimiento, como hacen unos, ni enfatizar los errores. O tomar la parte violenta por el todo, básicamente pacífico- para desprestigiarlo. Nos va mucho en ello.

Foto: El Correo de Andalucía

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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