Tiempos difíciles

Hay días en los que a uno le entran ganas de meterse en la cama y decir que está malo. Que paren el mundo, que me apeo, que diría Mafalda. Es primero de mayo, un primero de mayo bajo el peso de negros nubarrones para los trabajadores. Fecha histórica y tiempo de encrucijada. Casi cinco millones de parados en un país donde los consejeros de las grandes empresas ganan auténticas fortunas por…  seguir presentando expedientes de regulación de empleo.

Primero de mayo cargado de razones para la indignación y, sin embargo, las manifestaciones convocadas por los sindicatos han destacado, si hubiese algo que destacar, por la escasa asistencia. Cuatro o cinco mil personas en Córdoba, donde ha tenido lugar el acto central de Andalucía.

El dato sería menos trágico si no contrastara con otra cifra destacada del día: medio millón de peregrinos en la romería de la Virgen de la Cabeza de Andújar (Jaén). A esa hora, los patios de Córdoba -ciudad gobernada por Izquierda Unida- estaban a rebosar. En Sevilla, decenas de miles llenaban las casetas de la feria aún sin inaugurar oficialmente.

¿Es o no es para irse a plantar tomates? Pues no. La alternativa hortelana, para los hortelanos. Habrá que hacer algo, reaccionar, cabrearse, echarse a la calle. ¡Indignaos! ¡Reacciona! es lo que propone esa nueva corriente que sintetizan dos nonagenarios, el francés Stéphane Hessel y el barcelonés José Luis Sampedro, y que recorre los ambientes ilustrados. El problema es que la indignación no trasciende de ese reducido ámbito. La amiga Mamen Otero dice con razón que como siga reaccionando va a estallar en cualquier momento.

¿Han preferido los parados irse hoy a la romería de Andújar, a los patios de Córdoba o a la feria de Sevilla en vez de manifestarse en demanda de un empleo? Probablemente, no. Creo que no ven la utilidad de manifestarse, que no le encuentran sentido a la protesta porque son -somos- incapaces de verle el fin al callejón sin salida en el que nos han metido los traficantes de los mercados. Los sindicatos tampoco ponen fácil que los trabajadores crean en ellos.

Y entonces se produce la paradoja desalentadora de este domingo primero de mayo: manifestaciones desangeladas y romerías desbordantes. Lo primero es hasta cierto punto nuevo. Lo segundo es lo mismo de siempre. No es que los trabajadores vayan de romería, a las que van los mismos de cada año, es que los sindicatos no son considerados en este momento por los trabajadores instrumentos fiables para solucionar sus problemas. Lo mismo ocurre con los partidos de izquierdas y eso es lo que reflejan los sondeos electorales. Eso sí que es motivo para meterse en la cama. Además, son las doce y llega el dos de mayo.

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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