Los Reyes traen carbón a la ministra Sinde

Sevilla, 23-12-2010

Desde hoy los manteros dejan de ser delincuentes por el mero hecho de vender cine o música en las calles. La reforma del artículo 270 del Código Penal, que hoy entra en vigor, hace que esa actividad pase de delito a falta penal. Los jueces tienen manos libres para decidir si imponen a los manteros una sanción económica o los manda a la cárcel. Todo dependerá de que el lucro que se asigne al vendedor no supere 400 euros. Hasta ahora los jueces estaban obligados a imponer ambas cosas, sanción y prisión. Una buena noticia para miles de personas, incluidos los inmigrantes que han encontrado en esa actividad su forma de subsistencia, que se produce un día después de que la policía detuviera a seis promotores de páginas web que facilitaban copias a través internet y a dos días del fracaso del proyecto de ley contra las descargas, la llamada “ley Sinde”.

Dos de cal -top manta y fracaso Sinde- y una de arena, la persecución de las descargas en internet. Las tres novedades, sumadas al terremoto de la filtración a Wikileaks que ha dejado en pañales a la diplomacia americana, vienen a mostrar la vertiginosa mutación que viven en estos días el mundo de los derechos de autor y su vertiente más extendida en la red.

En primer lugar, debemos felicitarnos de que la vida real se haya colado en la política y viceversa. Gracias a la felizmente abortada “ley Sinde”, desde hace unos días cientos de miles de jóvenes hablan de política, cosa inaudita en muchos años. Por aquello de que es bueno que hablen de uno aunque sea mal, las críticas le han dado vida al Gobierno. También por primera vez en mucho tiempo, la política habla de lo que preocupa a los jóvenes. Otra cosa es que lo haga acertadamente.

En segundo lugar, de momento la realidad se ha impuesto: criminalizar las descargas no es la vía para defender la producción intelectual. Aunque persisten coletazos como la detención de propietarios de páginas que promocionan el pirateo, eso es ponerle puertas al campo.

Los avances técnicos ponen de manifiesto que la red no es controlable. Además, los datos del propio ministerio de Cultura y de la SGAE demuestran que las descargas sólo perjudican a los intermediarios, a aquellos que mercadean con  los contenidos, y a un puñado de artistas instalados. No a la mayoría de los creadores y, mucho menos, a la difusión de la cultura, cuyos contenidos viven gracias a la red una auténtica primavera: las actuaciones en directo de los autores se han multiplicado y la capacidad de cualquier artista para dar a conocer su obra son infinitamente mayores que antes. Las ventas de música a través de internet no sólo compensan la bajada de las tiendas tradicionales, sino que las superan.

Hay otras razones para estar de enhorabuena estos días, pero dejémoslo aquí. Carbón para Ángeles González Sinde.

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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