Estado de derribo

Sevilla, 2-11-2010

Sobra Estado. Sobran funcionarios. Sobran empresas públicas. Lo dice la derecha y lo pone en práctica, con cautela y disimulo, el PSOE gobernante. David Cameron, el primer ministro británico, anuncia que va a echar a medio millón de empleados públicos y Rajoy dice que, si gobernara España, no llegaría a tanto, pero casi. Acaba de decir que en España sobra la mitad de la mitad de las empresas públicas. O sea, hay que suprimir una de cada cuarto de las empresas públicas, que es exactamente lo que está haciendo Griñán en Andalucía.

Da igual que esas empresas funcionen o no, que creen o no riqueza y puestos de trabajo, que cumplan un fin social. Sobran por el mero hecho de ser públicas y parece que pocos lo ponen en duda. Lo mismo que los empleados públicos, sobran porque el Estado estorba. Porque el único legitimado aquí para hacer negocio y prestar servicios, a cambio de un beneficio, claro, es el capital privado.

El problema no es si las empresas son muchas o pocas, si sobran o no sobran funcionarios. Lo que nos debería importar es si son eficaces, si sirven al fin para el que fueron creadas y si no lo son, exigirles la máxima rentabilidad económica y social. El presidente de los empresarios ha dicho que de la crisis se sale trabajando más y cobrando menos. Pues, no, mire. De la crisis se sale trabajando mejor. En los mismos términos habría que enfocar el volumen del Estado: no sobra, falta eficiencia.

Ese debate no interesa. Lo que conviene es retroceder en los avances del estado de bienestar. Nadie le dice a los detractores del Estado que el grueso de esos empleados son los profesores que enducan a nuestros hijos y los sanitarios que nos atienden cuando enfermamos. Que España tiene un índice sobre población activa de 13 por ciento de empleados públicos, cifra que no alcanza la media europea. Pero, claro, dicen funcionarios y acude la vieja imagen de una ventanilla detrás de la cual asoma alguien malencarado que nos manda a otro departamento u ordena que volvamos otro día.

El rábano, por las hojas. La crisis, cuyo origen está en la desmesurada avaricia de unos pocos, acaba convertida en un pretexto para levantar la veda contra todo lo que sea público. Aunque eso pueda provocar la desatención de necesidades básicas, como ocurrió con la catástrofe del Prestige: no había en la costa gallega remolcadores ni buques preparados para afrontar la limpeza, por lo que hubo que recurrir al socorro de los voluntarios. O el huracán Katrina, que dejó al descubierto la penuria de medios públicos que caracteriza al país más rico del mundo.

No me parece criticable que Rajoy defienda ese tipo de políticas. Es lo que cabe esperar de un partido de derechas. Lo criticable es que ese discurso tenga eco en el electorado y que provoque, junto a las presiones de la banca y los gobernantes conservadores de Alemania y Francia, un giro como el protagonizado por Zapatero, que de la noche a la mañana pasó de proclamar a los cuatro vientos su defensa de las políticas sociales a impulsar los más graves recortes desde la Transición.

 

Anuncios

Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Estado de derribo

  1. julio dijo:

    Ya era hora hora que se escribiera algo que se acercara a la realidad con pies y cabeza, muy bien me gusta.Un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s