Flamenco, patrimonio in/material de la humanidad

Sevilla, 9-10-2010

Está a punto de concluir la campaña a favor de que la Unesco declare al flamenco “patrimonio inmaterial de la humanidad”. Me sumo a la petición. Lo merece sobradamente porque es un arte que expresa como pocos el sentimiento de un pueblo y porque ha servido para derribar fronteras culturales. El flamenco está presente hoy en infinidad de rincones del planeta. Lo aprecian millones de asiáticos, americanos, europeos y africanos. En toda España, incluso me atrevería a decir que en toda Europa, no hay expresión artística contempránea -viva- que haya llegado tan lejos. Tal vez la pintura de algunos pocos genios ya desaparecidos: Picasso, Dalí, Miró… Aunque la comparación no es válida porque el flamenco no es el resultado de la genialidad de unos pocos, sino la manifestación de un amplio colectivo que se puede identificar con lo andaluz y se ha hecho mestizo -universal- a fuerza de crecer.

El flamenco merece todos los reconocimientos, incluido el de la Unesco. No obstante, debemos admitir que el flamenco es cada vez más un patrimonio “material de la humanidad”. Material porque evoluciona a marchas forzadas hacia producto de laboratorio hecho para consumo masivo. Cada vez más responde a los rasgos de la mercadería y menos a los de arte.

El flamenco nació en la baja Andalucía hace alrededor de 200 años como queja desgarrada de las clases más desfavorecidas, creció en los corrales y patios de vecinos, desbordó su ámbito natural para deleite de señoritos juerguistas y ascendió a los escenarios, a mediados del siglo XX para minorías y extranjeros en busca de exotismos.

En la década de los 80 desaparecieron los arrabales y patios de vecinos de Jerez, Sevilla, Triana, Lebrija, Utrera… y dejó de manar el flamenco auténtico. Claro que siguen saliendo nuevos cantaores, pero ya son fruto de las grabaciones, copia de copias. Es indiscutible que, a cambio de ganar amplitud, ha perdido autenticidad y, lo que es peor, con demasiada frecuencia tiene el éxito comercial como finalidad principal. La venta de discos, las actuaciones sobre los escenarios de festivales que proliferan como setas: en Australia y en Japón, en Estados Unidos y en Alemania.

Ya no es el arte por el arte, sino el arte como mercancía. El famoso “pellizco” flamenco ya no lo siente el artista en el estómago, sino en el bolsillo. El duende hace caja. Se me dirá con razón que lo mismo le ocurre a otras artes. Por ejemplo, la literatura. Es erróneo calificar como literatura a la mayoría de los libros que se editan, escritos y publicados con la única finalidad de copar escaparates y cuadrar balances. Algo así le ocurre al flamenco que se hace hoy.

¿Patrimonio inmaterial de la humanidad? Claro, pero que no se confunda el flamenco con cualquier cosa que suene a palmas y jarana. Como diría un flamenco auténtico, más valdría ir separando el grano de la paja. Porque de ello va a depender que siga siendo la expresión de un sentimiento, rasgo sin el que no existe el arte, o se convierta definitivamente en una mercadería.

Anuncios

Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s