Guadalquivir extremeño

Sevilla, 21-09-2010

Extremadura puede estar a punto de conseguir que el Guadalquivir no sea el río andaluz por antonomasia. Su recurso contra el Estatuto de Autonomía ante el Constitucional parece haber tenido eco entre los magistrados que, como todo el mundo sabe, sobre todo en Cataluña, se la coge con papel de fumar a la hora de interpretar los textos legislativos. Si los magistrados del TC -caducados y lastrados por la obediencia política- dan la razón a la Junta de Extremadura, como apuntan algunas filtraciones-sonda, el Estatuto empezaría a desinflarse por el boquete abierto por ese torpedo.

Grave asunto. Pocas cosas hay en Andalucía tan universalmente aceptadas como la pertenencia a la cultura del Guadalquivir, el río que une a almerienses, granadinos, malagueños, jienneses, cordobeses, sevillanos, gaditanos y onubenses. El río que más ha hecho llorar a los sevillanos con sus riadas, el más fértil para los pueblos de su vega, la vena por la que han penetrado las civilizaciones y las riquezas.

Más grave aún si por culpa de ese maldito recurso se nos desangra un poco más la autonomía, de por si escuálida, renqueante por el uso indebido de algunos gestores y por los renovados aires patrioteros que azotan a la península de forma cíclica. Unidad de destino en lo universal. España, España, España. Frustrante porque el recurso de Extremadura no se debe, como dicen sus líderes, a la existencia de un insignificante arroyo seco que vierte hacia la cuenca del Gualdalquivir, sino a que esa comunidad ha elegido la unidad de España como arma arrojadiza.

Tendría más sentido que el recurso lo hubiese presentado Castilla-La Mancha, donde hay poblaciones como Puertollano, cuyo suministro de agua depende de un embalse adscrito al Guadalquivir. ¿Qué gana Extremadura con ese recurso? Nada. Ni una gota de agua. Sólo meterle a Andalucía un dedo en el ojo y, de paso, debilitar el sistema autonómico. ¡Ah! y el aplauso de quienes ven en la autonomía el origen de todos los males de España.

Un fallo del TC contrario al Estatuto sería una mutilación del Estatuto, pero el Guadalquivir seguiría siendo una de las principales señas de identidad de Andalucía. Una seña que, como otras, anda algo desdibujada por falta de antención y mimo. Resulta descorazonador ver el estado de abandono y olvido que sufre el río en muchos de sus tramos. Buena parte de las poblaciones de la ribera viven de espaldas al río, en parte por razones históricas -tanto daño ha ocasionado a sus habitantes- y en parte por falta de infraestructuras y equipamientos de ocio. Qué gran veta de deporte y turismo desperdiciada.

Andalucía, tierra de paradojas, podría reaccionar abrazando a su río si el TC le negara su titularidad. Ojalá entonces podamos decir aquello de no hay mal que por bien no venga.

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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