El ladrón de libros

Sevilla, 2-09-2010

Que me perdonen los libreros, pero a Antonio F.H., detenido en Sevilla como “experto en robar libros”, habría que hacerle un homenaje. Que en estos tiempos alguien ostente semejante atributo delictivo merece, cuando menos, un reconocimiento de buen gusto. Hasta tiene título de novela de intriga. El hecho informativo de su detención merecía mejor tratamiento que una columna perdida en cualquier página del diario. No he robado un libro en mi vida, tal vez porque entro en las librerías como el que penetra en un templo y se siente observado desde las estanterías por la mirada escrutadora de cientos de autores, dioses que han alcanzado el olimpo. Pero me merece mayor desprecio el que hurta unos pantalones y mucho más el que se lleva sin pagar una bufanda de su equipo de fútbol.

Por cierto, qué emoción la del autor que contempla desde lo alto de su hornacina el momento intenso en el que la mano crispada del ladrón coge su obra y la introduce en la mochila mientras mira de reojo al dependiente. Sublime acto de devoción literaria. Que me perdonen otra vez los libreros. Hace demasiado tiempo que uno lo que ve es montones de tomos arrojados a los contenedores de basura.

Noticias como la del citado ladrón le devuelven al libro algo del aura de objeto valioso que una vez tuvo. Qué arcaica se antoja la imagen del perista que regresa a casa con el zurrón cargado de tomos, observa con deleite el fruto de su hazaña, lo coloca en una librería en tanto llega el instante decisivo de la lectura…

En desmedro del cleptómano sevillano habla el hecho de que únicamente se llevaba las novedades, los títulos de éxito, best seller en definitiva. Libros de consumo, lo más ajeno a la literatura que ofrecen las editoriales del momento. Obras que duran en la memoria del lector el tiempo que permanecen entre sus manos. Curiosamente son los libros más caros. (Me acabo de regalar una edición de Guerra y Paz ¡al precio de 9,95 euros!). Las obras maestras de la literatura universal suelen ser más baratas que esos ladrillos en forma de libro, “literatura” kleenex de usar y tirar.

Puede que Antonio F.H. sea un vulgar traficante de libros que después malvende al peso. No, imposible. Quién le iba a dar nada por mercancía tan devaluada. Me quedo con la romántica idea inicial de promover un homenaje al ladrón de libros. Con perdón de los libreros.

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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3 respuestas a El ladrón de libros

  1. Marcos dijo:

    Muy bueno! cuanto movimiento en el blog

  2. maria aguila dijo:

    Pero señor Bejarano, ¡cómo se atreve a defender el robo aunque sea de libros! Así le va a este país, pero ya veo que usted de religión y de la Iglesia no quiere saber nada, eso sí que lo critica. Por eso no sabrá que robar es pecado.Mucho cuidado con estas cosas

  3. Marta dijo:

    me encanta este artículo…..

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