Sahara, causa perdida

Sevilla, 29-08-2010

Supe que la reivindicación de independencia del pueblo saharaui era una causa perdida hace una decena de años cuando un altísimo cargo de la embajada de España en Rabat me confesó que nuestro Gobierno había hecho suya la posición marroquí. El Sahara para Marruecos. Era un ejercicio de realismo político, justificó el funcionario. Un Sahara independiente sería inviable económica y políticamente, además de una fuente inagotable de conflictos en la zona, incluso alguna guerra en la que intervendría  Argelia, país que nunca ha renunciado a ganar una salida al Atlántico. Al menos con Marruecos la zona estaría bajo férreo control.

La posición del Gobierno de Felipe González, que después hizo suya también José María Aznar, era inconfesable por el rechazo que hubiera provocado en la opinión pública española. Conocida es la mala conciencia de España por la vergonzosa forma en que el franquismo agonizante abandonó su antigua colonia. También porque en todo el país existe una nutrida red de organizaciones de simpatizantes con la causa saharaui, mayoritariamente de izquierdas.

Aquella confesión me ha servido en todo este tiempo para comprender mejor las actitudes que adopta  España ante las crisis cíclicas -conatos sería mejor decir- que jalonan el “dosier del Sahara”, como gusta decir a los marroquíes, tan imbuidos de la terminología y de la diplomacia francesa. El realismo de Francia, primero, y de Estados Unidos después, es lo que ha acabado imponiéndose aquí.

En consecuencia, los cientos de simpatizantantes de la causa saharauis que peregrinan a El Aaiún para impedir que caiga en el olvido están solos frente a tres colosos asentados en la zona: Estados Unidos, Francia y España, aunque nuestro país pretende aparentar otra cosa. Todo esto es muy triste porque supone abandonar a un pueblo que siente pisoteada su soberanía.

Lo que sucede se entiende mejor si tenemos presente que la política es el arte de lo posible en una lucha de intereses tantas veces contrapuestos. España tiene poco que ganar y mucho que perder si se pone a favor de los saharauis. Eso lo sabe el Gobierno y también la oposición, aunque el discurso de ésta sea tan engañoso que la hace aparecer como defensora de la causa saharaui.

Las posiciones son así de claras: para Marruecos el Sahara es vital, cuestión de Estado. Y no le importa enemistarse con quien sea por esa causa. Rabat ha invertido ingentes cantidades de dinero en controlar aquel territorio y empeñado demasiado el honor patriótico para ceder ahora.

Para España, no. Pasada la vergüenza de 1975, lo vital para España es la seguridad de la zona, tan próxima a Canarias, y la buena sintonía con Rabat para la colaboración contra el terrorismo y el control de la inmigración. Todo lo demás es secundario. Sobre todo si se mantiene el estatus de Ceuta y Melilla, plazas que Marruecos reclama sólo con la boca pequeña.

Por eso en el actual juego de equilibrios hay que dar por perdida la causa del Sahara independiente. ¿Para siempre? No. Eso en política no existe. Lo seguro es que si España apretara en el Sahara, Marruecos lo haría en las dos ciudades española. Y viceversa, si Marruecos aumentara el volumen de su reclamación de Ceuta y Melilla, España podría responder alentando el movimiento saharaui.

Pero eso, hoy por hoy, es mera especulación política.

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Acerca de josebejarano

Periodista andaluz
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