Política, fichajes, pelotas, policías… y mucho más en el negocio del fútbol

Por una vez y sin que sirva de precedente, ¡bien por el ministro Jorge Fernández Díaz! El ministerio del Interior planea hacer pagar a los clubes de fútbol el coste en seguridad que ocasionen los partidos. Bienvenido al sentido común. Hasta ahora, el Gobierno parecía empeñado en hacernos pagar por prestaciones básicas que deben ser consideradas universales y gratuitas, sanidad y educación principalmente, y no por servicios accesorios. Que un centenar de energúmenos provoca incidentes antes o después de un partido, despliegue de policías a costa de todos los ciudadanos. Cuenten, cuenten y verán lo que nos cuesta el dichoso partido de la final de la Copa del Rey entre el Barça y el Athletic Club de Bilbao este viernes.

De sobras es sabido que el fútbol es un buen negocio montado alrededor de un espectáculo que debe su éxito de público a la hábil manipulación de los sentimientos de identidad o pertenencia (los colores) a una colectividad que se adquiere desde la infancia. También es sabido que el negocio atrae a gentes dadas al tejemaneje económico (blanqueo) y al tráfico de influencias. Pero eso no quita que las autoridades protejan a los dirigentes de los clubes -con la pelota se juegan muchos votos- y les rían las gracias. Sevilla y Betis, los dos clubes de la capital andaluza, deben al ayuntamiento cinco millones de euros en impuestos que no pagan desde hace una década. ¡Que intente cualquiera de nosotros retrasar sus compromisos de pago aunque sea unos meses y verá la que le cae encima! Eso lo pasan por alto millones de seguidores en aras del espectáculo. Todo a cambio de diversión, emoción, pasión.

De ahí que el ministro del Interior me haya dado una alegría, al fin una buena noticia, al anunciar que su departamento estudia pasar factura a los clubes por el gasto policial que ocasionen. O que contraten seguridad privada, que hay mucha gente dispuesta a hacerse segurata para abandonar la cola del paro. Los clubes de fútbol deben de ser las únicas empresas que no declaran pérdidas en estos momentos. Ya mismo asistiremos al baile de miles de millones que manejan en fichajes para la próxima temporada.

Por eso, a quién le puede parecer mal que Fernández Díaz les cobre la nómina de los muchos policías y guardias civiles que trabajan cada jornada de Liga en la infinidad de estadios repartidos por todo el país. Si se hiciera bien hasta podríamos hacer negocio y usar ese dinero para tapar el déficit del Estado. ¿No se ha puesto a los carburantes un impuesto para  la sanidad? Pues propongo una cuota de seguridad a los clubes para socorrer las maltrechas arcas de la educación.

A cambio de la contaminación de los vehículos, dinero para la salud; a cambio del ocio del fútbol, dinero para enseñanza. A lo mejor así conseguimos que presidentes de clubes y entrenadores adquieran algo de educación, que falta le hace a más de uno. O al menos que paguen el gasto que nos ocasionan.

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Renovada vigencia del código de ética periodística de la UNESCO

Corren tiempos en que cobra especial interés rescatar del olvido este código de ética periodística lanzado por la UNESCO en 1983.

La UNESCO es el único organismo de las Naciones Unidas que tiene el mandato de defender la libertad de expresión y la libertad de prensa.

Conclusiones del Fourth Consultative Meeting of International and Regional Organizations of Journalists, realizado en París el 20 de noviembre de 1983. Participaron: International Organization of Journalists (IOJ), International Federation of Journalists (IFJ), International Catholic Union of the Press (UCIP), Latin-American Federation of Journalists (FELAP), Latin-American Federation of Press Workers (FELATRAP), Union of African Journalists (UJA), Confederation of ASEAN Journalists (CAJ).

1) El derecho del pueblo a una información verídica:

El pueblo y las personas tienen el derecho a recibir una imagen objetiva de la realidad por medio de una información precisa y completa, y de expresarse libremente a través de los diversos medios de difusión de la cultura y la comunicación.

2) Adhesión del periodista a la realidad objetiva:

La tarea primordial del periodista es la de servir el derecho a una información verídica y auténtica por la adhesión honesta a la realidad objetiva, situando conscientemente los hechos en su contexto adecuado.

3.- La responsabilidad social del periodista:

En el periodismo, la información se comprende como un bien social, y no como un simple producto. Esto significa que el periodista comparte la responsabilidad de la información transmitida. El periodista es, por tanto, responsable no sólo frente a los que dominan los medios de comunicación, sino, en último énfasis, frente al gran público, tomando en cuenta la diversidad de los intereses sociales.

4.- La integridad profesional del periodista:

El papel social del periodista exige el que la profesión mantenga un alto nivel de integridad. Esto incluye el derecho del periodista a abstenerse de trabajar en contra de sus convicciones o de revelar sus fuentes de información, y también el derecho de participar en la toma de decisiones en los medios de comunicación en que esté empleado.

5.- Acceso y participación del público:

El carácter de la profesión exige, por otra parte, que el periodista favorezca el acceso del público a la información y la participación del público en los medios, lo cual incluye la obligación de la corrección o la rectificación y el derecho de respuesta.

6.- Respeto de la vida privada y de la dignidad del hombre:

El respeto del derecho de las personas a la vida privada y a la dignidad humana, en conformidad con las disposiciones del derecho internacional y nacional que conciernen a la protección de los derechos y a la reputación del otro, así como las leyes sobre la difamación, la calumnia, la injuria y la insinuación maliciosa, hacen parte integrante de las normas profesionales del periodista.

7.- Respeto del interés público:

Por lo mismo, las normas profesionales del periodista prescriben el respeto total de la comunidad nacional, de sus instituciones democráticas y de la moral pública.

8.- Respeto de los valores universales y la diversidad de las culturas:

El verdadero periodista defiende los valores universales del humanismo, en particular la paz, la democracia, los derechos del hombre, el progreso social y la liberación nacional, y respetando el carácter distintivo, el valor y la dignidad de cada cultura, así como el derecho de cada pueblo a escoger libremente y desarrollar sus sistemas políticos, social, económico o cultural. El periodista participa también activamente en las transformaciones sociales orientadas hacia una mejora democrática de la sociedad y contribuye, por el diálogo, a establecer un clima de confianza en las relaciones internacionales, de forma que favorezca en todo la paz y a justicia, la distensión, el desarme y el desarrollo nacional.

9.- La eliminación de la guerra y otras grandes plagas a las que la humanidad está confrontada:

El compromiso ético por los valores universales del humanismo previene al periodista contra toda forma de apología o de incitación favorable a las guerras de agresión y la carrera armamentística, especialmente con armas nucleares, y a todas las otras formas de violencia, de odio o de discriminación, especialmente el racismo.

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Atrapados en las turbias aguas de los intereses

Los periodistas sabemos que las peores mordazas son las invisibles. El miedo es la más devastadora. El miedo a perder la vida atenaza a los periodistas en las dictaduras.  Los que sufren la opresión política pueden acabar en una cuneta con un tiro en la frente. También el miedo a perder el puesto de trabajo hace callar a miles de informadores en plena crisis económica. Negarse a informar de una determinada manera le puede costar a uno el empleo y eso en la situación actual es sinónimo de quedarse en la cuneta. Menos trágica, pero devastadora.

La autocensura es la peor censura. La peor porque ante ella todos miran, miramos, para otro lado. Ante la censura descarnada cabe la rebeldía; ante la autocensura, la vergüenza apenas. Silencio sobre silencio, humillación sobre humillación. No son situaciones comparables, lo sé. No es la vida lo que nos pueden quitar. Pero lo que me importa resaltar aquí es el resultado: el silencio. El secuestro de la verdad, el sometimiento a los dictados del poder, la traición al público.

Sin periodistas no hay periodismo, sin periodismo no hay democracia. Ese es el contundente lema de la movilización que los periodistas hemos convocado este jueves 3 de mayo en toda España con motivo del Día Internacional de la Libertad de Prensa. Dudo que los ciudadanos de este país sean conscientes de la situación que vive la prensa y, por ende, la libertad de información. O lo que es lo mismo, la propia democracia. La información veraz agoniza entre los intereses de las empresas -y los partidos- el miedo de los periodistas al desempleo -cuando no la indolencia- y la indiferencia de la sociedad a la que debería servir.

¿A quién le importa lo que está pasando? No a las empresas de comunicación, que se sienten cómodas con unos empleados temerosos de su futuro. No a los poderes económicos, que se mueven a sus anchas por un mundo sin críticas. No a los gobiernos, aliviados de controles, liberados de tener que dar explicaciones.

Nos importa a los periodistas. ¿Somos conscientes? Sí, en parte. Existe un malestar que se extiende entre un sector cada día más numeroso de la profesión. De ahí la protesta convocada para este jueves por las asociaciones de la prensa. La movilización nace del miedo al desempleo, es cierto. Seis mil periodistas despedidos en los últimos cuatro años son muchos periodistas en el paro. El recuento de bajas de esta guerra contra la libertad de información no deja de crecer.

La protesta nace también de la conciencia de que algo hemos hecho mal. Que nos hemos dejado arrebatar definitivamente el control de nuestro trabajo, el poco control que nos dejaban, y que muchas veces actuamos bajo influencias muy poderosas que empujan en dirección contraria a los intereses de la sociedad. Hay periodistas que se mueven como peces en las turbias aguas de los intereses, pero también lo hay que se ven obligados a hacer de tripas corazón para completar crónicas viciadas de raíz. Está bien que haya intereses, pero deben ser legítimos, confesables.

Y le importa a la sociedad. ¿Es consciente? Sí, pero parcialmente. Es consciente del fraude. Los ciudadanos saben que los medios de comunicación se han echado en brazos de la política, de la economía o de la frivolidad. Y no les gusta. Nos lo dicen cada vez que les prestamos oídos. Aunque les oímos, no les escuchamos. En eso nos parecemos sobremanera a los políticos que tenemos. O no entendemos el mensaje o no nos interesa entenderlo, que viene a ser lo mismo.

Por todo lo anterior es tan importante que los periodistas hayamos empezado a manifestarnos en las calles. Lo hemos hecho hoy, Primero de Mayo, para gritar a los cuatro vientos que los trabajadores de la información sufrimos como los que más los zarpazos de la crisis económica. Que no es verdad esa imagen de periodistas nadando en la abundancia que se refleja a través de los programas de televisión. Que hay muchos compañeros que este mes no van a tener dinero para pagar el alquiler de su vivienda y quienes no pueden ir al supermercado.

Salimos a la calle también porque necesitamos decirle a la sociedad que no nos gusta lo que hacemos. !Como a ellos, a nosotros tampoco nos gusta esta forma de hacer periodismo! Protestamos porque nos urge salir de las redacciones de atmósfera viciada. Aire irrespirable no como antaño por el tabaco, sino por el fuerte olor a pólvora de la trinchera.

Protestamos porque en las entrañas del periodismo hay demasiada gente honesta acogotada por el miedo. Porque el miedo mediatiza el mandato constitucional -por delegación de los ciudadanos- de garantizar la libertad de prensa. Porque los profesionales de cuyas manos sale la materia esencial que conforma la opinión pública, la información, hemos perdido el control de nuestro trabajo. Porque al traicionarnos a nosotros mismos le estamos fallando a la sociedad. Nada más que por eso nos manifestamos.

P.D. En Sevilla, nos concentramos a las 19 horas en la plaza Nueva.

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¡Noticia bomba!

El plan reinserción de presos de ETA, la noticia del día, me ha hecho recordar, una vez más ¡Noticia bomba!, magnífica novela de Evelyng Wauhg. Es de lectura imprescindible para todo periodista. Supongo que es conocida de muchos, pero para el que no la haya leído le adelanto que narra los avatares de un grupo de enviados especiales a una guerra en África. El redactor del diario más influyente de Londres se instala en un hotel y deja libre su imaginación para narrar los acontecimientos bélicos. Todos los demás se ven obligados a seguir sus pasos.

Luego, los enviados especiales son guiados por el Gobierno local de aquí para allá para tenerlos ocupados mientras la guerra sucede en otra parte. Aunque uno de ellos, en realidad el comentarista de jardinería de un periódico local enviado por equivocación, abandona el “rebaño” casualmente y se da de bruces con la guerra.

¿Qué tiene que ver el plan de reinserción de presos de ETA con la novela de Wauhg? Nada y mucho.  ¿No resulta sospechoso que el Gobierno de Rajoy lance la filtración del plan de reinserción de presos de ETA en plena vorágine de recortes sociales. Cuando se está cargando un sistema nacional de salud que es ejemplo de cobertura universal e igualitario para volver al arcaico aseguramiento que va a dejar sin protección a los menos favorecidos.

Tiene que ver. A estas horas en las tertulias ya no se habla de otra cosa que de ETA. Ni crisis ni atraco a mano armada contra el patrimonio común de la sanidad y la educación públicas. ¡Otra vez ETA! Pastoreados por los especialistas en crear cortinas de humo. ¿Habrá alguno que, despistado y sin apenas conocimientos de la “alta política” que se cuece en los cenáculos de Madrid, tropiece con su noticia bomba?

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Periodistas se buscan y se encuentran

Tenemos que felicitarnos por el éxito de la primera reunión de periodistas promotores de medios de comunicación propios en la facultad de Comunicación de Sevilla: lleno hasta la bandera (aunque ni tenemos banderas ni falta que nos hacen) y estimulante ambiente participativo. Torbellino de ideas, propuestas, ilusión y, sobre todo, ni un atisbo de resignación. Debate encauzado, positivo, constructivo.
Adelanto aquí algunas primeras impresiones, previas al informe que haremos para todos:
La asistencia fue de 148 periodistas, fotoperiodistas y diseñadores. Seguimiento espectacular a través de las redes sociales: 1.500 personas (suponemos que periodistas principalmente) estuvieron conectadas al encuentro por medio de “streaming” y twitter se inundó de comentarios hasta el extremo de ser “trending topic”. De ese seguimiento se ocuparon nuestros compañeros José Muros y Juanma Moreno, que en breve nos harán un pequeño informe para colgar aquí.
Conclusiones de urgencia:
-Podemos dar por muerta la etapa del lamento y la pasividad. Aunque sólo fuese por eso, ya habría merecido la pena este invento de “Se buscan periodistas”.
-Hay sobrada “materia gris”, fuerza, ganas, creatividad… para impulsar no uno, sino varios medios de comunicación hechos por periodistas.
-Al contrario de lo que auguraban los agoreros, la mayoría de los asistentes no venían “a ver si nos dan trabajo”, sino a proponer sus ideas y proyectos. Muchos con excelente pinta y con sus promotores abiertos a sumar esfuerzos y arriesgar. ¿Quién dijo que los periodistas no son emprendedores?
-Impresionante fusión de generaciones. Estudiantes y recién licenciados en Periodismo, codo con codo con veteranos de la profesión. Muchas ganas, savia nueva, y enorme solidez profesional. Y lo más valioso de todo: unos empujando y otros tirando. Experiencia y fuerza, ¡a ver quién le pone freno a eso!
-El valor añadido de lo que hagamos tiene que ser la veracidad, el periodismo profesional, desprovisto de intereses políticos o comerciales. Hecho para el público, no para los despachos.
-Una vía a explorar es el sello de periodismo de calidad: si hay miles de personas dispuestas a pagar un poco más por un alimento ecológico (Andalucía es ya la principal productora de alimentos ecológicos de toda Europa) por qué no vamos a convencer a un buen puñado de ciudadanos y ciudadanas de que merece la pena pagar por un periodismo “libre de aditivos”.
-El muro a derribar es sólido: difícil financiación, malas prácticas profesionales, cultura del gratis total…

Nuestro objetivo inmediato es organizarnos para darle cauce y forma a tanta energía dispersa.
Una treintena de los asistentes a la reunión se apuntaron a trabajar en lo que sea para darle forma a los proyectos. La semana que viene formaremos varias comisiones de trabajo, cuya finalidad y componentes publicaremos aquí.

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Tengo trabajo y, sin embargo, estoy en crisis

Por eso el viernes voy a la reunión de “Se buscan periodistas”

Me considero un tío con suerte, entre otras cosas, porque en los tiempos que corren tengo trabajo. De momento, claro, porque ya nadie puede añadirle a “trabajo” el adjetivo “estable”. Quién sabe si mañana, pasado, el mes que viene…

Tengo trabajo y, sin embargo, estoy en crisis. En crisis profesional. Porque los periodistas nos dividimos hoy en dos grandes grupos: los que sufren el zarpazo de la crisis en forma de paro y los que sufren, sufrimos, la angustia de no saber qué va a ser de nosotros.

Si a eso le añadimos otra crisis de envergadura similar: la ética, la del modelo de periodismo, entenderemos la zozobra que nos aqueja. No creo que haya muchos periodistas que, si son sinceros, sientan orgullo por el periodismo que desarrollan. No hay razones para ello, sino todo lo contrario.

Por eso creo que el encuentro este viernes de “Se buscan periodistas” nos concierne a todos, parados y ocupados. Porque no es un mero movimiento de periodistas que tratan de hacerse un hueco en el difícil mercado laboral. Si se quedara en eso nos estaríamos amputando una parte esencial del movimiento: el inicio de un camino que lleve a un amplio grupo de profesionales a otra forma de ejercicio profesional.

¿Difícil?, evidentemente. ¿Ambicioso?, sí. ¿Imposible?, no. ¿Qué perdemos con intentarlo?, nada. ¿Qué podemos ganar?, mucho.

¿Cómo empezar?, uniendo ideas, esfuerzos, experiencias, conocimientos. Los veteranos codo con codo con los novatos, los “encumbrados” junto a los que empiezan, los parados al lado de los que nos creemos a salvo de esa plaga, los escépticos empujados por los entusiastas…

Insistimos, la reunión del viernes no concierne a los que carecen de trabajo. Que nadie sienta que esto no va con él. Va con todos.

Yo voy

Viernes 20 de abril

17 horas

Facultad de Comunicación de Sevilla

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Si crees que la Educación es cara, prueba la ignorancia

Ya se sabe que en tiempos de confusión somos proclives a cortar por lo sano. Fuera gastos superfluos, dicen. Toca dejar sólo lo imprescindible, la comida y poco más. Sobran universidades. Cerremos las fábricas de licenciados en paro. El FMI llega más lejos y sugiere que habrá que morirse antes, que los viejos les salen muy caros a la Seguridad Social. Hay que soltar lastre: sobra producción y población. Una buena guerra mundial, a tomar viento media humanidad y a empezar de nuevo. No lo dicen, no llegan a tanto, pero uno se pone en lo peor.

La frase que utilizo como titular circula por Internet y la hago mía en un acto de apropiación, espero que no indebida. Otra similar sería que si crees que la Sanidad es cara, prueba la enfermedad. O si crees que la información es cara, prueba estar en la inopia. Que lo barato sale caro lo sabe cualquiera.

Aplicar recortes a la Sanidad, por ejemplo, sentará bien a los mercados, pero fatal a nuestro estado de salud. Lo mismo que los recortes educativos reducirán la competencia de nuestros estudiantes. Luego lo lamentaremos durante décadas. Y se alegrarán quienes se aprestan a hacer negocio con nuestra salud y nuestra educación, que de eso se trata en realidad. ¿O a caso alguien cree que el problema de España es el déficit público?

Lo triste de toda esta historia de los recortes públicos es que la gente se crea que no hay otra alternativa que sacrificar el estado de bienestar en el altar de los mercados. El aparato de propaganda de los que mandan ha conseguido su primer objetivo: que miles de ciudadanos repitan como loros que sobran coberturas sociales o que durante estos años se ha despilfarrado a manos llenas. Que interioricen que no hay otra política. Como un autómata accionado desde Berlín, Rajoy repite todos los días: sé lo que tengo que hacer, sé lo que tengo que hacer, sé lo que tengo que hacer.

Y muchos responden como un eco: Rajoy sabe lo que tiene que hacer. Y eso es lo que le da legitimidad para hacerlo.

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